...........................................................................................................................................................................................................
...........................................................................................................................................................................................................
...........................................................................................................................................................................................................
...........................................................................................................................................................................................................

Mostrando entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2015

CARA COMO UN TOMATE... CREMA FRÍA DE TOMATE



Pues hete aquí que el otro día me dice mi pareja (que es muy rollo deportista, ex-futbolista y madrugador)... "Mañana, aprovechando que estás ya de vacaciones, por qué no te levantas temprano conmigo y nos vamos a dar un paseo por la playa, a andar un poco?". Y yo, que me conozco el percal y sé perfectamente cómo son sus "paseos por la playa", pues me hice la dormida profunda. Que estoy de vacaciones, jolín!!
Pero al día siguiente me lo volvió a decir y caí en la trampa mortal!

Ocho de la mañana, viernes. Sol. Bueno, solecito mañanero, pero calor tempranero también.
Quito el polvo a mis zapatillas de andar y con buen ánimo me dispongo a seguirle el ritmo. Pasoooo ligero! Ar!
Calor.... mucho calor.
Ocho y media de la mañana. Llegamos al final de la playa de la Albufereta. Parece que aguanto... incluso puedo hablar y comentar sobre la serie de especímenes raros que habitan la playa a esas horas de la mañana: un señor panzón sentado cual Buda en la arena, prismáticos en ristre oteando el horizonte (yo miré en la misma dirección que el señor de los prismáticos, pero no vi nada, nada de nada, cero... lo mismo por eso llevaba los prismáticos, para ver... y bueno, que yo tenía las pestañas llenas de gotas de sudor, lo mismo también era por eso que no veía nada...), un cuarentón en tanga corriendo como si le persiguiera el mismísimo Tiburón (en serio, en tanga. No consigo borrar la imagen de mi mente) y orgulloso, mucho, de su cuerpo serrano, algún que otro cañero aburrido (nunca he visto sacar un pez a ningún cañero, se deben de aburrir como almejas con sarampión), y una señora muy mayor caminando mucho más fresca que yo. En realidad la señora iba como una rosa y me miró y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa... Pero, cómo cuento esto?? A ver... que la señora no me había sonreído dulcemente, no. La señora se había reído "en toá mi cara"!!. Me di cuenta cuando "mi Sargento Foley" me miró y muy serio me dijo: "Desprendes luz... Tu cara es como un tomate." Seguidamente dejó de estar serio y pasó a deshuevarse haciéndose así cómplice de la dulce abuelita de la sonrisa.
A partir de ahí, todo el mundo me miraba y me sonreía... o eso me parecía a mi.

La verdad es que yo notaba mi cara ardiendo. Era como un radiador en pleno enero. Un ascua... Pena no haber tenido una sardina que arrimar, porque habría salido un espeto perfecto.

Ya ves qué necesidad tenía yo de eso... Llegar a casa con la cara como un tomate y no precisamente raf, tomate en rama, de los rojos rojos brillantes....

De ahora en adelante me haré la dormida profunda hasta por lo menos octubre, que digo yo que ya refrescará.

Supongo que por eso se me ocurrió hacer para comer esta SOPA FRIA DE TOMATE, aunque el color dista mucho de ser el que lucía mi cara por la mañana... Había que enfriar el tomate como fuera!!

Os paso la receta por si os apetece refrescaros...

INGREDIENTES (para 4 personas):

Dos Cebollas

Dos dientes de Ajo

Un kilo de Tomates en rama

Dos cucharadas soperas de Albahaca fresca picada

4 o 5 ramitas de Tomillo fresco

1 hoja de Laurel

Una cucharada de Orégano seco

250 cl de Caldo ligero de pollo (o 250 cl de agua y una pastilla de caldo)

Aceite de Oliva Virgen Extra "OH!Lío" Arbequina

Sal y Pimienta negra recién molida

Dos cucharadas soperas de Queso crema tipo Philadelphia

Picamos las cebollas y los ajos y los rehogamos en una cazuela con un chorro de Aceite de Oliva Virgen Extra. Cuando empiecen a tomar un poco de color, añadimos el laurel, la albahaca, el tomillo y el orégano, y dejamos dos minutos más rehogando.
Mientras lavamos y troceamos en cubos los tomates (no es necesario pelarlos, porque luego lo pasaremos todo por el chino).
Añadimos los tomates troceados a la cebolla y las hierbas. Damos unas vueltas para que se rehogue un poco el tomate durante unos tres o cuatro minutos.
Añadimos el caldo de pollo (o el agua y la pastilla), sal y pimienta.
Dejamos que hierva y bajamos el fuego para que cueza durante 10 minutos con la cacerola tapada.
Pasamos todo por el chino y añadimos dos cucharadas de queso crema. Removemos bien para que se funda el queso. (Si veis que quedan trocitos de queso, le pasáis la minipimer a potencia mínima y listo).

Pasáis la sopa a un recipiente y dejáis enfriar antes de meterla en la nevera  para tomarla bien fresquita.

Al servirla se puede rociar con unas gotas de AOVE y albahaca picada por encima.

Espero que os guste...


Rossella

miércoles, 24 de diciembre de 2014

jueves, 2 de octubre de 2014

OLI GROGUET



La receta que traigo hoy es de esas viejunas y de pueblo. Es muy parecida a la Manteca Colorá que se hace por Andalucía, pero esta tiene menos ingredientes y en mi pueblo y alrededores la llamamos Oli Groguet (traducido al castellano literalmente sería Aceite Amarillito. Por el color, claro). Yo recuerdo comerlo desde siempre. Lo normal era verlo en las carnicerías, en recipientes grandes, y cuando la pedías te la servían a granel, a cucharadas, en un papel encerado o en una cajita de plástico.

También la vendían en "El Economato"… creo que se llamaba así… Yo era muy pequeña… Tan pequeña que de lo que más me acuerdo es del gran mostrador de aquella tienda, que me sobrepasaba la cabeza. Era alto y de madera oscura. Al entrar estaba a la derecha, haciendo ele… y sobre él la caja registradora antigua junto a un montón de papeles de estraza cortados en dos o tres tamaños, para envolver, y un tarro de caramelos... Tras el mostrador una gran estantería también en madera robusta oscura, llena de tarros, cajones, cajitas, latas, botellas… y Maruja, la señora rubia peinada siempre con moño, grandota y simpática que regentaba la tienda.
Siempre recuerdo ir de la mano de mi madre o mi abuela. Al llegar me sentaban sobre el mostrador y Maruja sacaba uno de aquellos caramelos de colores para dármelo. Mientras yo rechupeteaba aquel caramelo que casi no me cabía en la boca, mi madre o mi abuela hacían su pedido a Maruja. Harina, garbanzos, bacalao en salazón, arroz, oli groguet, almendras, conservas, aceitunas, vino, uva … pero también cuerdas, puntillas, pañuelos, alfileres, cedazos, semillas… Había de todo. Era como aquellas tiendas del Oeste, que lo mismo tenían un vestido, que un saco de trigo, que una azada….
Una vez me empeñé en ir yo sola a la tienda. Quedaba cerca de casa de mi abuela, y a finales de los 60 todavía podía ir sola por la calle una niña de 4 años sin miedo a que le pasara nada, y menos en un pueblo pequeño y por las calles del casco antiguo… Mi abuela me dio un papelito con lo que quería que le llevase apuntado… No recuerdo lo que era… Recuerdo intentar asomarme al borde del mostrador, haciendo puntillas, pero no me llegaba ni la nariz a la cima! Como pude dejé el papelito estirando mucho los brazos, hasta que vi el moño de Maruja asomando por encima. Salí de allí la mar de contenta, con mi caramelo en la boca y el paquetito de papel de estraza… pensando que ya era muy mayor!

Pero no me hagáis mucho caso… son sólo recuerdos muy vagos de una niña de 3 o 4 años….

En cuanto a la receta, como decía antes, los ingredientes son menos que para la manteca colorá, porque por aquí lo comemos untado en pan fresco o tostadas y, según apetezca, espolvoreado con azúcar o con un poco de sal, así que no lleva ajo ni orégano, ni otras especias.

Los ingredientes que yo uso son:

250 gr de Tocino fresco
250 gr de Manteca de cerdo ibérico
2 cucharadas de Aceite de Oliva Virgen Extra, arbequina
1 cucharada de Pimentón dulce, si es de la Vera mejor

Y lo único que hay que hacer es cortar el tocino en trozos y ponerlo junto con la manteca y el AOVE a calentar en una olla, a fuego medio, hasta que el tocino haya soltado toda la manteca. Hay que remover de vez en cuando.
Cuando esté todo convertido en un líquido de consistencia parecida a la miel caliente, se aparta del fuego y se cuela para eliminar cualquier impureza.
Esperamos dos o tres minutos hasta que temple un poco y añadimos el pimentón, removemos y vertemos la mezcla en un recipiente (que no sea muy feote, que luego se presenta ahí mismo!!).
Para acabar, lo metemos en el frigorífico para que solidifique y lo mantenemos ahí. Cuando vayamos a consumirlo, lo sacamos un ratito antes para que no esté tan duro (aunque es fácil de untar, porque no se pone tan duro como la mantequilla).

Se come, como ya he dicho, untado en pan fresco o en tostadas, y espolvoreado con azúcar o sal, al gusto.

Engorda? Nooooooooo (ni ná!!!, un montón, así que la capa sobre el pan, ligerita. O bueno… allá cada uno!) Pero está muy bueno!

En lugar de pimentón dulce se puede usar también mezcla de dulce y picante, si sabemos que nos gusta más con sal que con azúcar.

Espero que os guste.

Rossella


martes, 17 de junio de 2014

LAS TORTAS DE INESITA (Y RECETA DE TORTAS DE ACEITE)

      Nacimos con diecisiete días de diferencia. A mi madre durante el embarazo le dio por comer leche recién ordeñada acompañada de anchoas de bota. A mi tía no lo sé, la verdad, pero seguro que le espantaba la nueva afición de mi madre. Hermanas y embarazadas al mismo tiempo, pasaban mucho tiempo juntas, así que supongo que Inés y yo nos empezamos a intuir muy pronto.

    Somos hermanas de leche. Así se decía antiguamente, “hermanas de leche”. Antiguamente he dicho???? ANTES!, así se decía ANTES, no “antiguamente”. De “antiguamente” nada!.

      Sí, por lo visto mi tía no tenía mucha leche y a mi madre le sobraba (no sé si por la leche recién ordeñada o por las anchoas…), por eso cuando la pequeña Inés se quedaba con ganas de más, mi madre se la enganchaba también a ella. No sé si eso une, pero la verdad es que siempre he tenido un cariño especial por mi prima y siempre recuerdo con cariño nuestra infancia.

      Este es uno de esos recuerdos, sus tortas!



      Era mi primer cumpleaños. No sé qué querría Inés, pero me temo que lo consiguió. Y es que Inés, alias “Eliot Ness” como la llamaba el abuelo Octavio, era una niña bastante movidita (por no decir más mala que un dolor!), que le gustaba llevar la iniciativa y no tenía una idea buena, lo que quería lo conseguía. Me encantaba jugar con ella, porque yo que era más tranquila y no me atrevía con muchas cosas, me sentía segura con ella, me divertía!

      Inés comía de todo, y cuando digo “de todo”, es de todo. Y yo con ella! Me contaron que su madre la llevó asustada al pediatra cuando se dio cuenta de que la niña comía piedras y a veces la había pillado mordiendo las esquinas de las paredes de yeso. Yo lo intenté… pero no pude! (también intenté comerme las uñas de un poco más mayor…y tampoco!). Por cierto que el pediatra no le dio importancia. “Ya se le pasará, eso no es nada” dijo. Eran otros tiempos. Si eso pasa ahora tienen a la niña haciéndole pruebas y en observación un mes, y luego al psicólogo! Antes no, antes todo era más…natural.

      Recuerdo el jardín de su casa de San Vicente. Jugábamos horas allí. Muchas veces “a comiditas”. Pobres bichos… Los poníamos sobre una hoja-plato y los machacábamos con un palo (un palo!!) para hacer sopitas… No sé si probábamos los platos, pero…seguramente. Eso sí, sabíamos de qué color eran por dentro todos los bichos del jardín. Seguro que Inés no se acuerda… (no te hagas la loca ahora!). Aquel jardín era genial para jugar. Tenía hasta una rampa que subía al garaje y que a nosotras nos servía para colocar al perro debajo y saltar a caballito sobre él!. Pobre perro…

      Su casa estaba al lado de la fábrica de jamones de su padre y su tío. Eso nos daba mucho juego, porque podíamos pasar sin muchos problemas donde estaban los cerditos (cerditos y cerdotes!, que había algunos enormes!). A veces nos acompañaba alguna persona mayor a verlos, pero otras nos la apañábamos para ir solas…. Y teníamos un palo escondido (otro palo!!) para, por si acaso dormían, despertarlos. Lo que decía… ni una idea buena!, que tendríamos cinco o seis años!! Nos asomábamos entre el primer y el segundo tablón de madera de la valla y… a divertirse. Pobres cerdos…

      Y luego, a pasear por la fábrica. Dos retacas viendo cómo despiezaban a los gorrinos como si tal cosa. Valientes… Todavía recuerdo ese olor dulzón, húmedo y caliente. Y el olor salado de los secaderos. Y el sabor del jamón, claro!! Y el del queso, los embutidos, el vino y demás exquisiteces que se tomaban en la bodega de la fábrica mis tíos, sus amigos, trabajadores y demás afortunados de vez en cuando.

      Ahora Inés, seguramente por herencia de su padre, el Tío Juan, se ha convertido en una amante de la buena mesa y las exquisiteces; basta de piedras, yeso, bichos… aunque sigo dando fe de que come de todo y todo le gusta (prueba de ello es que siempre pincha en “Me gusta” en mis publicaciones en Facebook… Gracias prima! Jaja Sólo por eso te has ganado esta entrada!).

      Y ahora dirá que no se acuerda de nada… como si lo viera!
      Y a los que habéis leído esto deciros que ni se os ocurra pensar que fuimos unas niñas asalvajadas, tremendas y maléficas! Sólo estábamos un poco loquitas…cuando nadie nos veía!.

      Un beso prima! Te quiero.


Y de paso le dedico una receta de Tortas de Aceite…


Ingredientes:

Para la masa de arranque:
70 gr de Leche entera
10 gr de Levadura fresca
1 cucharadita de Azúcar
130 gr de Harina de Fuerza

Calentamos un poco la leche, que esté tibia. Disolvemos la levadura en ella y agregamos el resto de ingredientes amasando hasta formar una bola.
Esta bola la ponemos en un bol con agua tibia (suficiente agua como para que la cubra), y esperamos a que flote, que estará lista para usar. Tardará unos 10 minutos, así que mientras podemos hacer la otra masa.

Para la masa:
600 gr de Harina de Fuerza
5 gr de Levadura fresca
15 gr de Sal
300 ml de Agua tibia
60 ml de Aceite de Oliva Virgen Extra Arbequina

En un bol disolvemos la levadura en el agua tibia. Añadimos la harina, la sal y la masa de arranque, y amasamos durante unos minutos, hasta que la masa vaya tomando cuerpo. Entonces vamos añadiendo el aceite poco a poco integrándolo en la masa. Seguimos amasando unos 10 minutos más y dejamos reposar la masa durante 90 minutos. La masa queda muy blandita.

Pasado este tiempo, dividimos la masa en cuatro partes iguales (más o menos), nos untamos bien las manos con aceite y las aplanamos sobre un papel de horno. Las dejamos de un centímetro y medio de grosor aproximadamente.
Ahora tienen que volver a reposar durante una hora.

Precalentamos el horno a 250ºC, y metemos un recipiente con agua en la parte baja del horno para generar un poco de vapor. Cuando las vayamos a meter lo bajamos a 220ºC.

Cuando haya pasado la hora, con el dedo hacemos hoyitos por toda la torta, como pinchándola. Rociamos con aceite de oliva virgen extra y espolvoreamos con sal Maldon, orégano y pimienta.

Horneamos a 220ºC, sin sacar el recipiente de agua, durante unos 25 minutos, hasta que las veamos doradas.

Al sacarlas del horno las volvemos a rociar con aceite.

Listas!!

Espero que os gusten… y que te gusten Inés!

Rosse


miércoles, 11 de junio de 2014

MUJER REFRANERA...MUJER PUÑETERA (o eso dicen…)

Uuuuu Hombre refranero, hombre puñetero! Hoooombre ya! Que también los hay. 

Y es que España es un país refranero y un poco puñetero.... no diré más por no meterme en un jardín… Aunque si quisiera meterme en un jardín me pondría a enumerar los motes de mi pueblo. Recuerdo una tarde, supongo que de aburrimiento y/o "desfisi" (palabra que no sé muy bien cómo traducir del valenciano porque no es exactamente aburrimiento), mis amigos y yo nos dedicamos a apuntar los motes que conocíamos. Al final eran tantos que los clasificamos…"vegetales", "animales", "oficios", "derivados de nombres", "fuertes", "súper fuertes","inclasificables"…. Una risa (mejor tanta risa que nos dolía todo!).

La tradición de refranes en nuestro país está muy arraigada. Basta decir que hay unos cien mil refranes registrados en la lengua castellana. Son sentencias populares y compendian la sabiduría y la experiencia de un pueblo. Ya lo definió Miguel de Cervantes en su "Don Quijote de la Mancha": "Los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios".

Creo que yo no soy muy de refranes, alguno utilizo de vez en cuando (suelen ser muy socorridos algunos, y puñetera sí soy un poco...), pero el otro día me dijeron uno referente a la comida y me he dedicado a recopilar los que he encontrado al respecto, que no son pocos aunque seguro que faltan muchos...

Estos son los refranes, dichos y frases hechas que he podido encontrar y que algo tienen que ver con la comida:

- Tanta olla para una penca.
- Con su pan se lo coma.
- Dame pan y dime tonto.
- Me importa un comino.
- Me importa un pimiento.
- Como Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.
- A falta de pan, buenas son tortas.
- Vete a freír espárragos. (No! no te vayas todavía!! sigue leyendo un poco!)
- Al pan pan y al vino vino.
- Ir a por uvas.
- Aguas por San Juan quitan vino, aceite y pan.
- Quien tiene olivares y viñas, bien casa a sus niñas. (Y a ellos... dónde los encontramos??)
- Si quieres llegar a viejo, guarda aceite en el pellejo.
- Quedar por encima, como el aceite.
- Agua que no has de beber, déjala correr.
- Por turbia que esté, no digas de este agua no beberé.
- Contigo pan y cebolla. (Esto no es literal, claro...no???)
- Pan con pan, comida de tontos. (Pues yo debo ser medio tonta, porque el pan sólo me encanta!)
- Quien una vez se quemó con la sopa, otra vez sopla.
- Estar como un tomate.
- Uvas y queso, saben a beso. (Eso dicen... no sé yo. A mi me gusta más el queso con manzana, o la sobrasada con panchitos, o la toña con aceitunas negras del cuquillo...Vale, lo dejo, lo dejo!)
- Pájaro que vuela... a la cazuela.
- De lo que se come se cría.
- Lentejas, si las quieres las comes y si no, las dejas.
- A todo cerdo le llega su San Martín.
- Hay más días que longanizas (Y más tías que botellines!)
- Los duelos con pan son menos.
- Lo que no mata, engorda. (Es verdad! qué cruz!)
- A buen hambre no hay pan duro.
- Cuando seas padre comerás huevos.
- A comer y a la cama, una vez se llama.
- Comer la sopa boba.
- Buen pan, buen vino y buena brasa, es signo de buena casa.
- Cada día gallina, amarga la cocina.
- El que ha sido cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien sabe.
- Gástalo en la cocina, y no en medicina.
- La mujer y la sartén, en la cocina están bien. (Grrrrshgxbku jhhb jhjjj!!!!)
- La ruina comienza por la cocina.
- No compres casa sin esquina, ni mujer que no sepa cocina.
- Al mal cocinero, le estorban hasta las cucharas.
- En la forma de sujetar la sartén se conoce al cocinero.
- Hasta al mejor cocinero se le va un pelo en la sopa. (Arg!!)
- Jamón cocido en vino, hace al viejo niño.
- Leche bien cocida, tres veces subida.
- A cada uno le toca escoger la cuchara con la que ha de comer.
- Al comer y al cagar, prisa no te has de dar. (Lo siento... el refrán es así!)
- Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer.
- Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner.
- El amor y el buñuelo han de comerse en caliente. (Je...)
- El comer y el rascar, todo es empezar. (Ya me pica...)
- El que de rosas de comer al burro, cobrará con un rebuzno.
- No está hecha la miel para la boca del cerdo.
- Juntarse el hambre y las ganas de comer. (Eso es lo que me pasa a mi siempre!! jajaj)
- Lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos.
- No muerdas la mano que te da de comer.
- Para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.
- Trabaja y no comerás paja.
- Bien predica el ayunar quien acaba de almorzar.
- Trae contigo y comerás conmigo. (Este me gusta...)

Sabes alguno más??

Ale... con Dios!
Visitas, pocas, y corticas! (Nooooo! es bromaaaa!!)

Saludos a todos.


Rossella


sábado, 26 de abril de 2014

GRAN LUJO...

Huevos de Versace (Foto: Peddy Mergui)

Mantequilla suave de BVLGARI (Foto: Peddy Mergui)

Galletas de Dolce Gabbana (Foto: Peddy Mergui)


Pasta de Ferrari (Foto: Peddy Mergui)

Harina de PRADA (Foto: Peddy Mergui)

Naranjas y limones de NIKE (Foto: Peddy Mergui)

Leche infantil en polvo de CHANEL (Foto: Peddy Mergui)

Leche de Apple (Foto: Peddy Mergui)

Conservas de Gucci (Foto: Peddy Mergui)

Noodles de BURBERRY (Foto: Peddy Mergui)

Arroz basmati de HSBC (Foto: Peddy Mergui)

Salami por Vuitton (Foto: Peddy Mergui)

Sal y Pimienta de HERMES (Foto: Peddy Mergui)
Yogurt de Tiffany & Co. (Foto: Peddy Mergui)

Los comprarías?
Te sabrían mejor?
Pero...
Existen ya en el mercado?

No.

Son obra del artista afincado en Tel Aviv Peddy Mergui  que actualmente y hasta el 15 de Junio de 2014 expone sus obras en el Museum of Craft and Design de San Francisco en la exposición llamada " Wheat Is Wheat Is Wheat: Peddy Mergui".
Mergui se pregunta qué tal si las grandes marcas con packaging de lujo se vendieran a diario en el supermercado.

A mi me da mucho que pensar, no sé a vosotros.

Saludos

Rossella



martes, 28 de enero de 2014

LA LISTA DE LA COMPRA DE MICHELANGELO BUONARROTI


Sí, el mismísimo Miguel Angel, el escultor, pintor y arquitecto renacentista, creador de obras maestras como el David, la Piedad, las tumbas de los Médici, la bóveda de la Capilla Sixtina… Sí, él, también necesitaba escribir su lista de la compra, y lo hacía separando con líneas horizontales las necesidades de cada día.

un arenque
tortelli
dos sopas de hinojo
cuatro anchoas
dos barras de pan
un cuarto de vino…

Por lo visto Miguel Angel allá por el año 1518, enviaba a alguno de sus asistentes al mercado a comprar lo que necesitaba para su despensa, pero se encontraba a menudo con que el criado enviado era analfabeto, así que además de escribir el ingrediente solicitado también lo dibujaba. Simple, casi un garabato, pero como dijo una vez John Updike, la excelencia de las grandes cosas se basa en la excelencia de las pequeñas.

Esta lista de la compra pertenece a la colección del Museo Casa Buonarroti de Florencia.

Y esta otra no está en un museo, ni creo que lo esté nunca, aunque me parece igualmente encantadora:


Se trata de recordar, y cualquier cosa que facilite esa tarea será bienvenida. Hay quien apunta su falta de memoria en la mano (la chuleta más antigua del mundo creo…). 


Los hay que apuntan a lo grande (aunque me parece poco práctico llevarse la nevera de compras… o pasarse 10 horas apuntando…):



En fin, como decía, es la necesidad de recordar la que nos empuja a anotar lo que debemos comprar. Da igual que sea en un bloc de notas guardado en un cajón de la cocina, en una hoja pegada con imán a la nevera, en el ordenador, el móvil, o en una combinación de todo, que hay gente muy desmemoriada!

Yo tuve una temporada que me dio por usar una sencilla técnica mnemotécnica que consiste en inventar una pequeña historia en la que las cosas que debía comprar estaban presentes pero de una forma poco habitual. Por ejemplo, si tenía que comprar pan, leche, sal, naranjas y pescado, imaginaba que al salir de casa una barra de pan descomunal me tapaba la puerta por completo, así que tenía que darle una patada para poder salir, pero cuando la derribaba, la barra de pan caía a un río de leche, así que me subía sobre la barra para surfear hasta una orilla de sal. Al llegar a la orilla descubría que dentro de mi bolso había un pescado que escupía naranjas…. Y así con todo lo que necesitaba recordar. Claro que… luego te tienes que acordar de la historia! Por eso creo que lo más práctico y las listas que más me gustan en realidad son las de andar por casa, en las que todo el mundo participa, se implica y aporta, como esta:


(La encontré en el blog La alegría de la Huerta)

Por cierto, voy a apuntar "lechuga" en mi lista…

Nos vemos!

Rossella

miércoles, 22 de enero de 2014

EL INQUIETANTE CASO DE LOS CANGREJOS INMORTALES


Me levanté con la sensación de haber descansado profundamente, con el ánimo renovado por un sueño reparador y la energía suficiente para empezar el día que comenzaba y que prometía tranquilo.


Era una apacible mañana de sábado de principios de la primavera de 2010.  El sol todavía no estaba en lo más alto y no había ni una sola nube en el horizonte que hiciera presagiar los acontecimientos que voy a relatar.

Los sábados por la mañana me gusta desayunar tranquilamente  mientras hago la lista de la compra, y apunto mentalmente los menús y nuevos platos que quiero preparar la semana siguiente. Miro libros de cocina, unto aceite en la tostada, anoto “patatas” en la lista, bebo un sorbo de café… miro el reloj, ve acabando que se te hace tarde, vuelvo a mirar otro libro…

Aproximadamente una hora después de haber empezado mi desayuno me puse una cazadora, me acabé de anudar mis viejas zapatillas, agarré el bolso, me puse mis inseparables gafas de sol, y subí al coche.
El camino al supermercado no fue tan soso como de costumbre, algo cambió. No podría decir si fueron señales de lo que se avecinaba, pero hubo algunos detalles que me llamaron la atención en el trayecto. Los mismos 21 semáforos de siempre, eso no hay manera de que cambie por mucho acontecimiento que vaya a vivir…  pero sí me fijé en que esa mañana los deportistas mañaneros que hacen footing iban agrupados en lugar de correr en solitario como de costumbre, además uno de los grupos que vi era de tres y los tres iban de rojo, rojo cangrejo…. En uno de los semáforos cruzó una abuela bastante fatigada llevando de la mano a 4 niños, enganchados unos a otros formando una cadena y corriendo y empujándose los unos a los otros. Los niños también iban de rojo. 20 de los 21 semáforos me pillaron en rojo, rojo cangrejo…


Una vez en el supermercado todo transcurrió sin incidentes. Ya tenía en el carro todo lo apuntado en la lista, excepto el pescado, que siempre lo dejo para el final. Supongo que a él le da igual estar fuera del hielo media hora más que menos, pero a mi no. Manías. Me dirigí al mostrador de “Pescadería” y… allí estaban. Los cangrejos de río. Apelotonados y luchando por escapar de la rejilla que los mantenía convenientemente encerrados en la caja de poliexpán. Algunos lo habían conseguido y correteaban entre las almejas y los mejillones como haciendo motocross, arriba y abajo, cayendo y revolcándose por el hielo. Uno incluso se cayó mostrador abajo y corría por el suelo del supermercado más despistado que James Bond en Disneylandia.
Me fijé en ellos irremediablemente porque siempre los vendían ya cocidos. El 56! Yo!. Ponme unos cangrejos…
Ahí empezó todo.
La pescadera me dijo que antes de cocinarlos debía tirar de la aleta central de su cola hasta arrancarla, porque así salía la tripa y no amargarían luego. “Cápalos!” dijo. Bien, lo entendí y, con cuidado de no tocar la bolsa porque se movía como endemoniada, metí los cangrejos en el carro y me dirigí a la Caja.

Estaba contenta. Me encantan los cangrejos en salsa americana y eso era lo que iba a hacer con ellos.
Al llegar a casa metí la nerviosa bolsa en el fregadero de la cocina y me empezaron a entrar las dudas. La aleta, se quitaba cuando? Vivos?? No, vivos no, no?? O sí?? “Cápalos! Quítales la aleta antes de cocinarlos”, eso dijo, así que tendría que ser… vivos!! Y estaban muy vivos!!
Me puse unos guantes y abrí la bolsa con dos dedos y los brazos estirados todo lo posible. Los cangrejos cayeron en tropel al fregadero y empezaron a corretear como locos intentando escapar. Intenté agarrar uno pero movía la cola desesperado y yo no acertaba a tirar de su aleta, además…. Me daba pena el pobre (y miedito, por qué no admitirlo), así que para no ver su carita de agobio le eché un paño de cocina por encima y lo agarré bien. Pero seguía sin acertar y para colmo una de las puntas del paño se metió en el fregadero y todos los cangrejos empezaron a trepar y a saltar del fregadero al suelo, a la encimera, a la cocina, a mis pies, a….. AAAARRRRRRGGGGGGG!!!! Como pude los volví a meter en el fregadero pero ellos ya sabían lo que era la Libertad y luchaban más que nunca por conseguirla!
Con la cuchara de servir la pasta los fui metiendo de nuevo en la bolsa. Ahora, encerrados de nuevo, ni podría quitarles la aleta ni podría cocinarlos… Pero… qué hacer??
Me estaba agobiando.
Cápalos! Cápalos! Retumbaba en mi cabeza… Intentaba pensar, pero el ruido de los cangrejos aporreando la bolsa no me dejaba.
Vivos??
Aiiiisssssssss…… No podía!! Era superior a mis fuerzas (no a las suyas, que seguían como ninjas a coletazos con la bolsa!)
Cómo les iba a hacer Eso vivos??
Tendría que matarlos sin cocinarlos, pero cómo? A tortazos?? Me parecía un poco violento.
Y por fin se me encendió la bombilla y maquiné una muerte dulce, o por lo menos lo menos violenta que se me ocurrió.
Cerré la bolsa y los metí en el congelador.
Esperé hasta el día siguiente…
24 horas congelados. Estaban como piedras. Los saqué y dejé que se descongelaran sobre la encimera de la cocina. Estarían crudos, pero muertos y podría caparlos.  JA!. Bueno, no me mires así! Son cangrejos! Jo!

Salí de la cocina y decidí esperar en la terraza, aprovechando el buen tiempo y haciendo unas llamadas, fumando un cigarrito, mirando el correo (todo facturas, ya nadie escribe)… Me relajé y cuando había pasado un tiempo más que suficiente para que se hubieran descongelado, volví hacia la cocina y… Pasó!

(Aquí va una música tipo “Tiburón”)


Uno de los cangrejos me estaba esperando en la puerta!!! Seguro que fue mi imaginación, pero le vi un cuchillo entre los dientes!!
Los demás bajaban, o mejor se tiraban cual orcos desde la encimera al suelo, aullando gritos de guerra!!

No habían muerto!!! Espeluznante.

Di un paso atrás. Por un instante me flaquearon las fuerzas, casi me da un vahído y no sentía las piernas. Pero eran ellos o mi salsa americana bien picante. O sea, mi salsa.
Empecé a gritar yo también y corrí hacia ellos.
Fue duro pero lo conseguí.
Esta vez los tuve una semana en El Agujero (léase congelador).

El sábado siguiente, al abrir el cajón del congelador juraría que se oía la música de “El Resplandor”… Pero esta vez sí, estaban fiambres.



FIN
(Lo del levantamiento de los cadáveres, el CSI y el asunto del capado os lo ahorro, que se que lo agradeceréis)

Historia basada en hechos reales. Cualquier coincidencia con la realidad es pura verdad.



 Rossella